 La noche del 16 de septiembre de 1976, en la ciudad de La Plata, se puso en marcha uno de los más oscuros de los planes represivos de la tan oscura Dictadura Militar: tuvo lugar el trágico suceso conocido como "La noche de los lápices". Este consistió en el secuestro estratégicamente calculado de un grupo de jóvenes estudiantes que promovían en su ciudad, la implementación del boleto estudiantil secundario. Esto implica que se trataba de jóvenes, muy jóvenes, en cuyos "prontuarios", figuraba uno de los crímenes más terribles a ojos de los genocidas de entonces: eran chicos solidarios, valientes, que no querían viajar gratis en colectivo, tan sólo pedían pagar un poco menos.
Chicos, sólo eso, chicos de escuela secundaria, con ropa gastada y gargantas limpias para gritar injusticias o temas de Sui Géneris. Chicos de 16, 17, 18 años...¿Qué mal pudieron hacer en tan poco tiempo de vida? ¿Qué peligro nefasto significaban para esta sociedad? Los servicios opinaron que eran una mala influencia, manzanas podridas, que podían contagiar a los jóvenes con su rebeldía y necedad...
Lo cierto es que María, Horacio, Claudio, Claudia, Francisco y Daniel, fueron secuestrados esa noche, arrancados con la más absoluta de las violencias de sus vidas de chicos, de sus casas, de sus dormitorios con posters y discos, de sus colegios, de sus amigos, de la vida. Estos chicos, hoy, forman parte de los 30.000 que no volvieron nunca más, forman parte de esa generación diezmada, arrancada de la historia argentina con violencia, a la que le debemos el permanente homenaje del recuerdo.
Pablo díaz, único sobreviviente de esa noche, recuerda lo que los chicos le gritaban mientras era trasladado a una cárcel común, es decir, mientras salvaba su vida: "¡No nos olviden!"
Por eso vos, argentino, dónde quiera que estés, recordá, contale a tus hijos lo que pasó esa noche en tu país, para que todos podamos cumplir, a través de los tiempos con esa promesa de no olvidarlos jamás.
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