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| Reflexiones |
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| Un paseo por los sentidos. |
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| Así como muchos dicen que Buenos Aires es igual que Madrid, es innegable que existe algo que va más allá de nuestro entendimiento presente. |
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Cuando se esta mucho tiempo en la calle ya sea por trabajo, ocio o cuestiones varias podemos terminar en lugares insólitos.
De pronto nos encontramos en un submundo, en algún lugar quedado en el tiempo, en medio de la ciudad de Buenos Aires.
Cuando nos hablan de los 100 barrios porteños, vienen a nuestra mente miles de sitios; Caballito, Almagro, Colegiales, Flores, Floresta, Villa Luro, Liniers, ect. Algunos conocemos, de otros solo tenemos recuerdos porque fuimos hace años, y de otros tenemos comentarios que amigos, familiares y desconocidos alguna vez nos contaron. Sin embargo, nadie tiene la misma percepción de un mismo lugar.
Cada uno de nosotros puede sentir diferentes sensaciones e impresiones de una misma ciudad, barrio o pueblo. Por que son nuestros sentidos los que nos guían, los que hablan, y nuestro cuerpo habla por medio de ellos.
Hace algunos días cuando visite el barrio de Liniers sentí que mi mundo, mi entorno, mi contexto cambiaba de perspectiva. A una cuadra de la estación ya se puede percibir otro color, otra gente, otros olores.
Sus calles céntricas repletas de negocios de todo tipo, ropa, telas, frigoríficos, almacenes enormes, frutas raras, mandioca, condimentos, puestitos en la calle de chipá y panes de maíz, vestimentas coloridas y sueños cruzados.
Todo forma un submundo, que muchos, en vos baja lo llaman “el barrio boliviano”, y en verdad lo es. Su gente, sus formas de hablar, de atender, de mirar, de caminar construyen un magna de significaciones totalmente distinto al que estamos acostumbrados los PORTEÑOS.
Este es un lugar en donde el característico CHE CHABON, parece no existir, en donde las malas palabras y las frases hechas cambiaron de estación.
Sin embargo, podemos oír un PASELE, BARATITO PARA USTED ¿Hace cuando que no usamos el USTED?
Es normal ver a mujeres vestidas con ropa típica, grandes polleras multicolores y blusas llamativas, enormes negocios con posters de ídolos que ni siquiera están registrados en nuestro inconsciente. El cuadro con la fotografía de Evo Morales se levanta en cualquier rincón como un santo benefactor.
Al caminar por esas calles el recuerdo vino a mí; esos colores, formas, olores, comidas, vestimentas, personas, esa geografía tan particular creada por significaciones sociales distintas, en donde la cultura nos juega una nueva carta entre pimentón colorado y mandioca. Todo se asemejaba a las pequeñas calles de Irapuato, a su mercado, sus comidas, y mangos enchilados. Entonces, mis sentidos hablaron.
¿Acaso en algún punto los países latinoamericanos se asemejan? ¿Será que las culturas andinas siguen conservando las mismas costumbres, creencias y saberes? Así como muchos dicen que Buenos Aires es igual que Madrid, es innegable que existe algo que va más allá de nuestro entendimiento presente.
Los lugares nos hablan, nos connotan sensaciones, sentimientos, conversan con nuestro cuerpo y sentidos.
Podemos estar a miles de kilómetros de casa pero siempre hay algo que nos vuelve a nuestras raíces. Esto no tiene que ver con nuestros recuerdos conscientes, sino con sensaciones y sentidos, y así volvemos al viejo parral de la casa del nono, a la calesita del barrio de Don Pepe, a la escuela, al olor a lasaña casera de la abuela, al chocolate caliente con churros, a los veranos e inviernos húmedos.
Así como el pueblo boliviano construye su lugar en otra tierra, también reconstruyen sus significaciones sociales, esas que están innatas, porque están ahí presentes en cada molécula de ADN. No se pueden borrar, ya que es nuestro cuerpo quien habla y jamás las olvida.
Silvana Barchetta - © 2006.PortalArgentino.com |
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